A pleno sol
Título original: Plein soleil
País/Año: Francia, 1960
Director: René Clément
Guión: René Clément
Intérpretes: Alain Delon, Maurice Ronet, Marie Laforêt
A pleno sol es la primera adaptación al cine de la novela The Talented Mr. Ripley de Patricia Highsmith, estrenada casi cuarenta años antes de que Anthony Minghella popularizara el libro de forma masiva con una producción trufada de estrellas hollywoodienses. Aunque ambas películas tengan el punto en común de la novela, la película de René Clément tiene unas señas de identidad claras que la sitúan en un lugar aparte. En ella encontramos las claves del cine negro más clásico reinterpretadas a través del realismo y la espontaneidad propias de la nouvelle vague, algo que resulta bastante llamativo en una adaptación con una trama de estas características. El resultado es una de las muestras más interesantes del cine negro europeo, un drama gestado bajo el calor sofocante del verano italiano que se transforma en un thriller psicológico marcado por la desconcertante falta de moralidad de su protagonista.
La película comienza con dos turistas estadounidenses, Dickie y Tom, escribiendo postales en una cafetería de una plaza romana. Sin una mención al pasado de ninguno de los dos o a la razón por la que se encuentran en Roma, seguimos a estos vividores en sus inocentes juergas por la ciudad hasta que regresan a la isla de Isquia, donde Dickie tiene instalada su “base de operaciones” vacacional. Desde el principio se agradece que Clément, también guionista, prescinda de material del libro y se plante sin miramientos en medio de la trama, una “osadía” que podría despistar a un amplio sector del público acostumbrado a los prólogos e introducciones aclaratorias de rigor. Pronto se descubre que Tom (Alain Delon) en realidad se encuentra en Europa para convencer a Dickie de que vuelva a EE. UU. y deje de despilfarrar el dinero de la fortuna paterna, algo que este no está dispuesto a hacer. Esto, más la extraña fijación que Tom parece estar desarrollando por su acaudalado amigo y su prometida Marge, hace que la desconfianza crezca entre ambos. Para intentar rebajar la tensión, los tres emprenden un viaje en barco que constituye el punto álgido de la película: la fotografía de colores saturados y luz cegadora nos lleva a un lugar casi irreal, opresivo y agobiante, en el que la tensión creciente entre Dickie y Tom termina por convertir su supuesta amistad en un antagonismo en el que ya no hay marcha atrás. El clímax resultante da un giro narrativo que convierte a Tom Ripley en protagonista absoluto y traslada la película al género noir más puro y duro. De vuelta en Roma, el personaje de Delon se embarca en una huida repleta de situaciones extremas, convertido en un criminal que disfruta tentando a la suerte y mareando a la policía ayudado por su aguzado ingenio.
A pleno sol está rodada con la inmediatez de la nouvelle vague, pero en ella se dan cita tanto el realismo de ese cine como el clasicismo del suspense de Hitchcock. El pulso con el que está contada la historia, tanto la relación dramática entre los personajes como la intriga principal, hace que sea imposible desviar la atención de la pantalla. También es difícil apartar la mirada por la belleza de los escenarios naturales de la isla de Isquia o las calles de Roma; una belleza capturada de tal forma que no resulta gratuita o de postal, sino que subraya el hedonismo de los personajes principales y sirve de contrapunto estético a la falta de moralidad de su protagonista.
Alain Delon encarna a Ripley con una mezcla entre infantilidad y frialdad extrema, casi inhumana. Su mirada pasa de ser distante a mostrar una curiosidad insana que roza el sadismo, como un niño que disfruta al ver chamuscarse una hormiga bajo una lupa. Aun así, el actor francés consigue que Ripley resulte carismático, y es difícil no sentirse atraído por la elegancia indiferente y la clase de este asesino enfundado en mocasines y pantalones de pinzas. Su interpretación demuestra un aplomo inusual para un actor que se estrenaba como protagonista en una producción de gran calibre, por lo que no es de extrañar que, con la ayuda de su físico, la fama de Delon creciera hasta convertirle en un icono del cine.
